Retrato de san Luis María Grignion de Montfort
Casa Natal de San Luis Maria, en Montfort-sur-Meu (Bretaña, Francia)
“Nuestra Sra. de la Sabiduría”, talla polícroma esculpida por san Luis María de Montfort. Se encuentra en la capilla de la casa natal.
Beata María Luisa de Jesús (co-fundadora de las Hijas de la Sabiduría)
Montfort visita al Papa Clemente XI.
Saint Laurent-sur-Sèvre, cuna de la familia montfortiana.
Instantánea de la visita de S.S. Juan Pablo II a la basílica San Luis María de Montfort, en Saint Laurent-sur-Sèvre, el 19-09-1996.
Estatua de san Luis María de Montfort en la Basílica de San Pedro del Vaticano (detalle).
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Fundador de los Hermanos de San Gabriel, de las Hijas de la Sabiduría y de los Misioneros Montfortianos.
Luís María Grignion de Montfort nació en un pueblecito de Francia, Montfort-sur-Meu, cerca de la ciudad de Rennes, el 31 de enero de 1673, durante el reinado de Luis XIV, una época brillante para la literatura y las artes, pero donde abundaron los pobres, las hambrunas y la injusticia. Hijo de una familia burguesa venida a menos, fue el segundo de 18 hermanos, el mayor de los cuales murió en edad temprana. Pasó la mayor parte de su niñez en Iffendic, a pocos kilómetros de Montfort, en donde su padre había comprado una finca conocida con el nombre de Le Bois Marquer.
A la edad de once años comenzó los estudios de Secundaria en el colegio Santo Tomás Becket, de Rennes, regentado por los PP. Jesuitas. Luis María fue un estudiante ejemplar y muy piadoso: no era raro encontrarle haciendo oración, ante una imagen de María, en alguna de las iglesias de la ciudad. En clase demostró ser un alumno excepcional. Además, dedicaba gustoso los días de descanso a ayudar a los pobres.
A medida que pasaban los años se hacía más claro en él el deseo de ser sacerdote. Toma la decisión definitiva a los pies de Nuestra Señora de los Milagros, según él mismo confiesa. La intervención inesperada de una protectora -la Srta. De Montigny- le abrirá el camino para poder realizar sus estudios en el Seminario de París.
En otoño de 1692 emprende, a pie, el viaje hacia París. Por el camino deja bien clara su opción: va entregando a los pobres todo lo que sus padres le habían podido dar: un traje nuevo y unas pocas monedas. Sólo quería lo que la Providencia le fuera deparando.
En París las cosas no sucedieron tal como se habían previsto: un año después de su llegada dejó de percibir la pensión de su bienhechora. Tuvo que entrar en las comunidades para seminaristas pobres de los Sres. de La Barmondière y Boucher, viéndose obligado a pedir limosna y a velar por la noche a los muertos de la parroquia para poder pagar sus estudios.
A causa del exceso de trabajo, la escasa alimentación y las pocas horas de sueño, cayó gravemente enfermo. Recuperado, pudo entrar, por fin, en el Seminario de San Sulpicio. La vida era austera, la comida pobre y la disciplina estricta, pero él se siguió manifestando como un estudiante excepcional.
Conseguido el título de Bachiller en Teología en la Universidad de la Sorbona, prefirió dejar las aulas universitarias y completar su formación con el trabajo personal en la rica biblioteca del Seminario, aprovechando que tenía el cargo de bibliotecario. Fue un asiduo lector. Su amigo Blain escribió que casi todos los libros de vida espiritual pasaron por sus manos...
Termina su formación, y recibe la ordenación sacerdotal el 5 de junio de 1700. Vive sus primeras experiencias misioneras en la Comunidad de San Clemente, en Nantes. No encuentra allí lo que esperaba y empieza a examinar otras opciones, convencido que Dios le llama a predicar misiones a los pobres. Incluso sueña con fundar, para esta finalidad, una pequeña compañía de sacerdotes agrupados bajo el estandarte de la Santísima Virgen.
En el Hospital General de Poitiers, con los pobres
La Marquesa de Montespan, antigua favorita del rey Luís XIV, a quien encuentra en la toma de hábito de su hermana Guyonne-Jeanne (Luisa), le persuade para que vaya a exponer sus proyectos al Obispo de Poitiers. Así lo hace y, poco después de su llegada, el Sr. Obispo le nombra capellán del Hospital General, una especie de asilo en donde se encerraba a los indigentes y vagabundos para que no molestasen a la buena sociedad.
Luís María se entrega con todo entusiasmo y generosidad al servicio de estos pobres, identificándose con ellos hasta el punto de comer a su mesa; un proceder que no gusta al clero de la ciudad. Por otra parte, las reformas que pretende introducir, para mejorar la calidad de vida 26 de los recluidos, le enfrentan a los administradores del Hospital. Las tensiones surgidas hacen que se vea obligado a abandonar la institución.
Vuelve entonces a París, pero los amigos y conocidos le dan la espalda. Se refugia en un cuartucho, debajo de una escalera, en la calle Pot-de-Fer, cerca de la casa de formación de los jesuitas. Vive en la carencia más absoluta, pero encuentra consuelo en la comunicación íntima con Dios, pasando en oración gran parte del día y de la noche. Se cree que es en esta época cuando escribió el libro El Amor de la Sabiduría eterna. Había transcurrido un año desde de su partida de Poitiers cuando los pobres del Hospital General decidieron escribir una carta al Sr. Obispo pidiéndole el regreso del Sr. Grignion, aquel que tanto ama a los pobres.
El Sr. Obispo, sensible a los clamores de los pobres, llama de nuevo a Luís María. Éste regresa y emprende nuevamente su proyecto de reformas, ayudado por María Luisa Trichet, una joven que se sentía llamada a ser religiosa y a entregarse al servicio de los pobres (más tarde será la primera Hija de la Sabiduría), a la cual le había impuesto el hábito gris el 2 de febrero de 1703. Sin embargo, las reformas encuentran la misma resistencia que la vez anterior, y vuelven a aparecer las rencillas, las envidias y las calumnias de antaño; a la vista de lo cual, quince meses después de su llegada, Luís María abandona definitivamente el Hospital.
Predicación en la Diócesis de Poitiers
Se dedica entonces a la predicación de misiones en los suburbios de la ciudad, acompañado por un joven laico, Maturino Rangeard, primer miembro de su futuro equipo de colaboradores. Los éxitos obtenidos en las misiones suscitan la envidia de los que gozaban de la confianza del Sr. Obispo y éste le ordena abandonar la diócesis de Poitiers.
Audiencia con el Papa Clemente XI: “Misionero Apostolico”
Luis María piensa entonces en el que había sido su proyecto inicial: las misiones extranjeras. Decide ir a Roma, a consultar con el Papa Clemente XI. Recorre el camino a pie y el 6 de junio de 1706 es recibido en audiencia por el Papa, quien le concede el título de Misionero apostólico y le anima a trabajar en Francia en perfecta sumisión a los obispos. De regreso a Francia y después de un retiro en el monte Saint Michel, se une al equipo del Sr. Leuduger, dedicado a catequizar a los campesinos de Bretaña en las diócesis de Saint Brieuc y Saint Malo. Pero, parece que Luís María no podía lograr su plena medida como miembro de un equipo y, pocos meses después, se separa del Sr. Leuduger.
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